El futbolista de corazón verde.

Cacho Echeverría Este final me lo regaló Dios

2016-12-29 | “A Estudiantes no voy a verlo porque me putean muy mucho”, dice Cacho Echeverría con ese estilo rubicundo que lo caracteriza. Acaba de cerrar el ciclo perfecto. Nació cuando el Club Banda Norte tenía un año y apenas aprendió a caminar su tío Ñato Boglio lo llevaba porque “él era dirigente pero tenía tres hijas mujeres. Entonces yo era el Cachito y andaba a todos lados con él”.

Echeverría, el pibe, vivía al lado de El Colonial. Todo un privilegio porque con sus amigos se sentaban afuera para ver llegar a las mascaritas. “Las mujeres venían y hablaban poniendo la voz finita para que no las reconocieran”. Cuando no había baile El Colonial se transformaba en un escenario de películas de cowboy.

“Con los Pagano, el rengo Allora, jugábamos a la chora entre las sillas” y apunta y tira imaginariamente a un pistolero.

Su papá era capataz en el Molino Ronchi y su mamá lo llevaba en moto a Las Escuelas Pias. “En ese tiempo el fútbol se jugaba en los colegios. Estaba el famoso Intercolegial de los Pias y el club era mi casa”.

Debutó en primera a los 17 años. Se arrancaba en quinta, sexta y cuarta común. Esta se jugaba el domingo a la mañana y era –lo que debería ser ahora- con chicos que no eran estrellas pero como seguían jugando como divertimento porque el objetivo de ellos era otra cosa.

-¿Les pagaban?

-No, ahí no. La Liga nace en el 65 por eso me acuerdo de todo ¡Si no había otra cosa! En el colegio éramos de Atenas, Banda Norte y ni hablábamos de Boca o River, no había nada. Y pinta la ciudad de la época. “Había un teléfono en El Empalme, uno en la plaza y otro en La Suiza. Esos teléfonos taxis. En El Empalme el Puma pedía un sándwich de milanesa a don Báez y sonaba el teléfono, así que tenía que dejarlo para irse a un viaje.
“Lo dejo y después me lo calentas, gritaba el viejo y salía en un Valiant”.

Después de Banda Norte se fue a Estudiantes –en el 76- y no cortó más hasta el ‘85. Con la llegada de los años y la pasión intacta volvió al verde y como jugador empezó a deambular sabiendo que ya había pasado su tiempo.

Nunca se quiso ir de Río Cuarto. “Si acá nos rascábamos los huevos todos los días. Dónde iba a estar mejor que acá. Era una maravilla, facilísimo. Hacíamos lo que nos gustaba, nos cagábamos de risa, me iba bien con las mujeres. En el 72 me anoté en la universidad porque se hacían los inter universitarios en Santa Fe y quería ir a jugar. Cuando volvimos… a la mierda, no pisé más. Se recibieron todos. El único salame fui yo”.

En el 87 arrancó como conductor de grupo en Municipal. No le gusta que le digan director técnico. “Estaba comiendo una mañana con mi suegro y llega el Pato Andrada. Municipal estaba acéfalo como de costumbre, y Omar Garrasa, gente buenísima de la farmacia El Aguila andaba por ahí, y me dijo si no quería empezar a dirigir. Siempre me gustó dirigir”.

Cacho en bicicleta con un carrito atrás. Iba cargado de carne, vino y pan. Iban a Achiras, Río de los Sauces, donde se pudiera encontrar una cancha y un equipo para patear. El domingo se levantaba y salía a buscar a los demás.. El sábado iba a Montecarlo pero sólo miraba el espectáculo y se volvía. Odia bailar. El resto de la runfla se quedaba hasta tarde, comiendo porquerías a la madrugada. Se despertaban cuando el Cacho golpeaba la puerta para buscarlos. Pide que no le preguntemos en qué iban porque no se acuerda. No tenían nada, pero iban.

No le fue mal como técnico. Entre vestuarios, gritos y mechas al viento en el 86 ascendió a la B con Baigorria. Un pueblo donde había que tener a un loco como él, como técnico. “Es muy especial, futbolero pero es una cruza de negro-gringo y es bravo.

Tenés que caer bien sino te matan. Y caí bien y ascendimos”. Y en el 91 con Berrotarán, y en el 98 con Realicó y en el 2001, 2002, 2003 tri campeón con Atenas de local. Raro, dice que los otros campeonatos nunca le gustaron.

Jamás lo llamaron de Estudiantes. Es que su mejor momento fue cuando estaba en Atenas, jugaron 18 clásicos y “tilingo como soy me pelee con todo el mundo. Siempre fui así de salvaje. Sanguineo mal. Los he corrido hasta el vestuario con un cinto. Y bueno, los de Estudiantes me querían matar.

-¿Y a quién corrió con el cinto?

-A Artundo. Porque hay picardías dentro de la cancha que si vos no actúas te acomodan. Por ejemplo, que se metan en el vestuario de los árbitros. Yo les decía, metete en la cancha tuya pero acá mando yo, no te hagas el vivo. Cuando dicen uh el Cacho subió una botella de Fernet al colectivo. Pero ¿por qué? Porque ganamos.
Estamos festejando, si después los chicos se lo van a tomar en el Parque. De eso te vas a acordar toda la vida. Esa es la realidad del jugador, esos momentos son inolvidables.

-¿Cuál es su criterio de jugador de fútbol?
-La materia prima de los conductores es el jugador. Si no tengo jugador no sirvo para nada por más buenas ideas que tenga.
El jugador bobo que vaya a vender pizza. La tarea del conductor es verlo, el que es un bocho, el que es estudioso, usted le tiene que decir mijito vaya a estudiar, cuando venga se divierte, juegue en la Universidad pero usted está para otra cosa.

-Y si hubiera perdido se hubiera ido sin honores.

-Nada, chau, pero nosotros sabemos que el exitismo es así. Lo mío terminaba de cualquier forma, pero la caricia es la caricia, y más en Banda Norte. Además lo soñaba, me acostaba y decía ¿mirá si termina bien? y ahora pienso mira como cierra el círculo.
Porque está el que juega de taquito y el que sale con el pantalón lleno de tierra, bueno yo en esto he sido guerrero.

-¿Estudiantes juega bien?

-No voy a verlo. A la cancha de Estudiantes no voy porque me putean muy mucho, no me quieren como yo no los quiero a ellos. Eso sí, los respeto como institución. Cuando íbamos a Estudiantes yo le decía a los muchachos, chicos si hoy fuéramos a misa estaríamos entrando a la Catedral, porque es lo mejor que hay como estadio

-¿Y qué pasó con Atenas?

- Atenas trabajó muy mal. Ese es uno de los errores que se cometen cuando queres demostrar más de lo que tenés. Estos llegaron a jugar a la cancha de Banda Norte en junio con unos camperones que nos los tenía ni el Real Madrid, entonces te engaño, y en el fondo nada.

-¿En los clubes hacen falta empresarios con plata?

-La plata es importante en todos los órdenes de la vida. Lo que no me gusta es cuando dicen que para llegar allá arriba hay hacer cosas raras como comprar un árbitro.

-En Banda Norte eso no pasa.
-No, es un club intachable. Como dice Jorge Rojas es mejor ser un tipo pobre que un pobre tipo. Estos torneos te llevan un poco a eso, ¡tenes que ir a Buenos Aires! En la A es todo profesionalismo, ¿y? por eso digo que muchas veces hay que preguntarse a dónde queres ir. En Atenas no hay baño y si tenes un problema estomacal tenes que ir al Disco.

-¿Le va a costar a Río Cuarto poner un equipo en el Nacional B?
-Me parece que sí. Tomando como referencia lo que pasó en Talleres que llevaba 25 mil personas y no podía salir. Y tiene que colaborar la provincia y el municipio dentro de lo posible.

-¿Acá no se colabora?
-El empresariado de acá es jodido. No hay un empresariado grande. Los que se fueron pueden volver y el chiquitaje hay que sumarlo. Hay que ver cómo tocan el plantel, la base local era buena, capaz que hay que rodearlo un poco más. Pero si quisieron llegar hasta ahí es por algo. En el torneo local le pagas a don Cofré con un cheque a 30 días. Los otros vienen y se la quieren llevar toda junta. Es caro.
Y el Cacho vio la cancha llena de verde. Cuando se acostaba pensaba en que se le podía dar ¿por qué no? Y a medida que veía jugar a su equipo lo creía más factible. Y la gente empezó a contagiarse. “Pasaba una moto por la calle Estados Unidos y se escuchaba en toda la cancha. En las finales mi mujer me gritaba del lado del alambrado y no la oía. Sabía que iba a ir gente pero cuando me dijeron que había cuatro cuadras de cola para entrar no lo podía creer. Y ese cambio lo logramos con los chicos.
Ahora hay que mantenerlo. La vara es alta. Porque así como subis te bajas. El fútbol no puede ser más parecido a la vida.

Vamos a la vida: compré algo y le di al tipo un cheque donde escribí banco con V corta. El cheque vino de vuelta y dije ya vamos a ver. Hasta que un día el cheque con v me lo dieron a mí.

Y en el fúbol es lo mismo, yo te cago hoy y mañana me cagan a mi.

En la vida pude tener errores pero en el fútbol jamás.
Este final mío, me lo dio Dios porque más perfecto este cierre no podía ser. Por ahí perdíamos con Sampacho y chau, a la mierda, pero se dio así.