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Periódico de distribución gratuita. Año xx - N° 500 - SEPTIEMBRE 2017

500 Ediciones de Otro Punto. | 80 páginas Aniversario |

Por estos días nos dejó María Elena Grassi.

Social

2017-07-14 | Si se la tuviese que definir -más allá de su rol de hija, madre, hermana y amiga- me gustaría destacar su rol de trabajadora empresaria con compromiso social.

En su rol de empresaria dedicó buena parte de su vida a sostener y a hacer crecer la empresa que dejó su padre. Intentando que sus clientes tuviesen el mejor servicio que se podía prestar. Pero además, intentando que sus más de cien empleados encontraran en Grassi un lugar donde desarrollarse y trabajar en armonía. “Somos una gran familia”, decía y lo pensaba.

Pero lejos de tener una mirada netamente empresaria, también tenía una mirada social. Desde su espacio impulsaba programas sociales que sirviesen para transmitir valores e incentivar a trabajar para una ciudad mejor.

Otro Punto cubrió muchos de los eventos que organizaba. “Es un pequeño mimo. Queremos que los niños y jóvenes que se destacan no sólo por sus calificaciones sino también por su compromiso, por su solidaridad, por ser buenos compañeros, puedan guardar en su corazón y entre sus recuerdos un diploma que los distinga y que lo puedan mostrar a sus hijos y a sus nietos”. Más o menos con estas palabras María Elena Grassi recibía año tras año a los alumnos de colegios primarios, secundarios y estudiantes universitarios a quienes otorgaban una beca para colaborar con los bolsillos de las familias en el inicio de las clases.

En los acto María Elena incentivaba a los niños a seguir en ese camino y le advertía, que sus acciones, no pasaban desapercibidas y que servían para construir una sociedad mejor.

También lo hacía con el programa Pequeños Paramédicos. En este caso le enseñaban a los estudiantes de colegios primarios públicos y privados primeros auxilios, para que ellos multiplicaran el conocimiento en su familia, en su barrio y por supuesto entre sus compañeros.

En el mismo marco entregaban un botiquín a las escuelas. También hacían la campaña de la frazada y este último año, ante la crisis económica, una campaña para juntar dos toneladas de alimentos y distribuir entre los que más necesitan.

Ese fue su horizonte. Una empresaria que trataba de devolver a su Río Cuarto lo mucho que ella consideraba que había recibido. Lo hacía en su casa, lo hacía con sus amigas, con su familia, con sus empleados, con sus hijas.

En la edición número 2 de Otro Punto, en marzo de 2004, la entrevista de la sección Mujeres de Contratapa fue a María Elena. Vale la pena recordar algunos de sus conceptos;

“Alguna vez fue tímida y lloraba porque no quería ir al cumpleaños de su vecinita. Hoy, María Elena Grassi, es empresaria, discute de negocios mano a mano con cualquiera y se siente orgullosa del camino trazado por su abuelo y su padre desde que inauguraron la centenaria funeraria. Ah…y si algo no le cuesta es hablar. Cuando en la década del 70 su hermano falleció en un accidente de autos, María Elena se preguntó en qué podía ayudar a su padre, y así fue como decidió estudiar para contadora pública. Siempre fue una alumna excelente, muy estudiosa. Hoy, a la distancia, se arrepiente de haber dejado de lado otras cosas y no quiere que la historia se repita con sus hijas.

“Yo les digo que sean responsables y estudiosas, pero también que hagan otras cosas porque la vida es mucho más que libros”. La primaria y la secundaria las cursó en el Colegio del Carmen. Tuvo un vínculo muy profundo con su padre a quien siempre admiró, y hoy lo tiene con su hermano Jorge, menor y mimado desde siempre. “Tenemos una relación excelente. Tratamos de que los temas laborales no se mezclen en las reuniones familiares pero a veces es imposible”.

En casi tres horas de entrevista a María Elena le cuesta hablar de ella. Su tema preferido es la empresa, el equipo de colaboradores con que cuenta y su capacitación permanente en administración.

“Mi padre nos dejó una empresa en marcha, pero además un ejemplo de conducta. Nos trazó un camino. Siempre que el dinero va y viene, pero los otros valores son los que quedan”.

Le cuesta desconectarse. Pese a ello, asegura que una de las cosas que aprendió fue a delegar. “Antes, y como hacía mi papá, creía que todo lo tenía que hacer yo, desde hablar con la gente hasta redactar un contrato, ahora delego y trato de vivir más mi vida”.

Cuesta creerle que en algún momento se olvide de la empresa y vuelve a hablar de su padre: “Mi papá estaba en la diaria, así que en casa el teléfono sonaba a cualquier hora. Imaginate, este no es un trabajo cualquiera. Pero supe poner límites para que el trabajo no trascienda la casa”.

Pensaba que si no hay equipo de trabajo no hay empresa que funcione, y siempre trabajó para lograrlo considerándose una más pero con mayor responsabilidades”.

María Elena Grassi se fue con una pila de proyectos por concretar, pero dejando entre quienes la conocieron una energía contagiosa que seguramente servirá de ejemplo.

Alejandra Elstein