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Periódico de distribución gratuita. Año xx - N° 500 - SEPTIEMBRE 2017

500 Ediciones de Otro Punto. | 80 páginas Aniversario |

Silencio

Columna Pamela Brizzio

2017-07-26 | Hace unos días recordé algo que en los últimos tiempos había llevado al olvido. Hace unos días experimenté el SILENCIO. Y cuando lo hice recupere esa sensación plena, a veces confusa, a veces perturbadora, aunque siempre aliviadora de la conexión conmigo misma. Sentía mi respiración, los latidos de mi corazón, percibía mi saliva pasando por mi garganta y hasta puedo afirmar que los colores eran más brillantes…o al menos eso me pareció.

Cuando todo esto pasó, me pregunté porque le huimos tanto del silencio, porque tanto esfuerzo por evitarlo. La realidad, es que nuestras reacciones más frecuentes al silencio es buscar palabras. Palabras de relleno, palabras de salvación, palabras y más palabras.

Sucede que el silencio a veces asusta, incomoda y nos provoca cierta sensación de vacío, y si huimos de esto con charlas evitativas, mantenemos el miedo a enfrentar esa sensación, y ese mismo vacío se cuela en nuestro discurso.

No voy a negar la belleza y el poder que encierran las palabras, ya que gracias a ellas establecemos “puentes” con otras personas.
Sin embargo no está bueno perder el silencio, su fuerza, su poderío. Una melodía puede serlo por la combinación entre sonidos de diferentes fuerzas y extensiones y el silencio. Es el que nos permite descansar, es el que nos da una tregua ante tanto sonido circundante.

Hablar, hacer, está perfecto, pero también es clave estar, habitar, registrar, saborear, amar, verbos de la quietud y el silencio.
Por todo esto la propuesta de hoy queridos amigos es: menos palabras. Hay muchos tipos de silencio, eso también es una realidad. Hay distintas formas de estar en el mundo. No es lo mismo el silencio mudo de cuando estamos medio dormidos o apáticos, que el silencio fértil de la conciencia en el que emergen imágenes y sensaciones, o que el silencio que acompaña una acción muy concentrada o incluso ese otro, atento y receptivo, que se activa cuando realmente estamos escuchando al otro.

Para todo esto amigos, es importante buscar momentos y espacios para guardar silencio: un espacio en casa, un rincón donde despejemos nuestro estar, o por ejemplo, un rato antes o después que los demás se acuesten o despierten. Hay una gran diferencia cuando nuestro hogar se aquieta y se calla…ahí también se aquieta tu mente. Observemos nuestro cuerpo y registremos los cambios que se producen.

Todo esto genera satisfacción y nos conecta con “cosechar” de nosotros mismos y nuestra vida. No es necesario hacer un retiro de silencio, pero tal vez podemos ejercitar conscientemente en los intercambios que tengamos con otras personas en el día, el hablar menos, solo lo necesario. Y agudizar nuestra escucha. Con este ejercicio soltamos un poco de poder, control y la dependencia que nos da la palabra.

Estos son solo algunos modos, seguro cada uno puede encontrar el suyo. Caminar o correr sin auriculares, solo conectados con nosotros mismos; soltar las redes un poco y conectarnos solo con nuestro propio sentir, sin la necesidad de editorializar nuestra vida, etc. Espacios, momentos, construcciones silenciosas para nuestro vivir.

Bajar el volumen de la vida cotidiana nos inspira a acallar nuestros propios relatos y eso nos permite abrir una nueva dimensión más real y menos adornada, más nuestra.

La palabra es una gran “dibujadora de realidades” que muchas veces achata y simplifica, nos encierra y nos deja con sabor a poco. Hay momentos asombrosos en los que las expresiones no llegan, no alcanzan, solo cabe una inhalación profunda y un suspiro.

Esto recién empieza amigos, te propongo un viaje para habilitar el apacible y sabio universo de la “nada” misma. Porque cuando aprendemos a callar, es la vida misma la que empieza a expresarse.

Y entonces…¿Qué te dice tu silencio hoy?