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Periódico de distribución gratuita. Año 523 - N° 523 - JULIO 2018

Eva Fisher Maison Mere (Casa Matriz) Centro Cultural Franklin Arregui Cano. Muestra Fotográfica

Columna Marcelo Arbillaga

2018-04-27 | Esta Eva, bien podría ser aquella primera mujer fundamental. Cargada de una belleza extraña, remite a esas enigmáticas actrices de la década del 50.
Formada inicialmente en las ciencias duras, con un posgrado en la Sorbona de París, en algún momento sintió el llamado del arte corporizado en distintas disciplinas de la fotografía. Fotoperiodista, corresponsal, editora y finalmente una artista integral.
Eva denota un enorme camino recorrido y un gran domesticación de su mirada fotográfica. Sabe lo que quiere. Lo que seguramente no intuye, es el enorme escalofrío que recorre mi espalda apenas empiezo a caminar delante de sus fotos en la enorme sala Franklin Arregui Cano.
Objetos que pertenecieron a personas que ya no están. Objetos que fueron “amados”, “ queridos” o “respetados” por personas que murieron. Algunos, inclusive, nuestros seres queridos.
De eso trata el inteligente resorte que Eva nos propone accionar cuando nos planta de frente al peine de su madre, el saquito de vaya a saber quién, o el viejo televisor blanco y negro de un ser algún ser humano, que como nosotros, recorrió este planeta. No son sólo objetos sencillos, son un profundo interrogante filosófico de “donde estamos parados”, cuáles son los eternos fantasmas que nos atormentan, o los olvidados espíritus que cada tanto pretenden saldar alguna vieja deuda.
Éstos objetos en manos sensibles son tremendas llaves a otros tiempos, piedras filosofales que se convierten en aquellas viejas dudas de los tiempos felices.
La persona desnuda todos sus miedos y arrepentimientos. Todos los “quizás” los “y si” los “debería haberle dicho” o el punzante “no la amé lo suficiente”.
A modo de rito iniciático, el breve recorrido nos confronta con lo que aún no resolvimos en nuestras vidas. Cuan bien o mal nos llevamos con el aquí y el ahora. O cuan capaces somos de seguir adelante sin heridos a quienes volver a buscar.
Si el amor o atención dispensada, en algunos casos por años, a esos objetos pudiese ser visualizada de alguna manera, qué pasaría con ella hoy, muchos años después de separado de su dueño. Se disipa de a poco? Se mantiene? Muere lentamente? Se transmite a algún ser querido?
Solo algunas preguntas en pocos pasos de recorrida la muestra. El ejercicio puede ser impiadoso para el visitante desprevenido. La imagen de mi madre, que ya no está, me acompaña muy de cerca. El primer ejercicio fue recordar que objeto elegiría si pudiese llevarme solo uno. Cual la representaba más. Su costurero? Alguna de sus macetas? El bebito de barro que reposaba en su biblioteca, o algún libro de Jorge Amado?. Yo me llevaría algunas de sus cartas. Manuscritas y con la hermosa letra de maestra normal superior que ella tenía.
Cuando uno logra “soltar”, “partir”, “ser” a pesar “de” estará más o menos listo. Más o menos en el presente, más o menos liviano.
Tremenda está “Eva”, con nombre famoso y mirada infernal. Me costó salir entero del palacio municipal. Cerca de la fuente de la plaza, respiro profundo y repaso mi “viaje” apagando a manotazos desesperados los últimos trozos de recuerdos encendidos.
Y si. Estoy seguro que rescataría las cartas de mi madre. La que decía: “te quiero Marcelo, Piu Avanti, y sino por. Cualquier lado…