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Periódico de distribución gratuita. Año 529 - N° 529 - OCTUBRE 2018

Cuando el trabajo toma nuestras vidas

ESTRES LABORAL

Columna Pamela Brizzio

2018-05-10 | El miércoles 9 de mayo, cuando esta edición de Otro Punto ya este cerrando y unos días antes que estén leyendo estas líneas, estoy invitada al III Encuentro de Foristas organizado por el Foro de Derecho de Trabajo de nuestra ciudad, para debatir y charlar con todos los presentes sobre estrés laboral y estudiantil.
Mientras organizaba y preparaba dicha presentación, me encontré en la difícil tarea de ponerme en la piel de aquellos que sufren o han sufrido de estrés en sus puestos de trabajo y me encontré ante la desazón que esta situación genera. No solo se trata de pasarla mal, tampoco se trata de buscar excusas para no trabajar, ni de “hacerse el loco”, “estar demasiado sensible” y mucho menos de vagancia…conceptos lamentables con los que se cruzan quienes atraviesan esta situación.
El estrés laboral queridos amigos no es poca cosa, por el contrario, se trata de un tema serio y controvertido que atraviesa a en estos tiempos a trabajadores y a organizaciones y empresas de todos los tipos y tamaños.
El estrés laboral aparece cuando los recursos del trabajador son superados por uno o varios factores laborales a los que no puede hacer frente, y puede manifestarse de diversas formas. Cuando un trabajador esta estresado sus síntomas van desde la irritabilidad a la depresión, y por lo general están acompañados de agotamiento físico y/o mental.
Ya sea un mobbing o acoso laboral, bossing o acoso por parte del jefe, o sindrome de burnout o síndrome del trabajador quemado o desgaste profesional, estar estresado no es un regalo, ni mucho menos unas vacaciones pagas. Por el contrario, posicionan a trabajador, al ser humano trabajador en una situación de tal vulnerabilidad que llega incluso a despersonalizarlo y sumirlo en una angustia tal que todo su entorno se vuelve gris.
Nadie quiere ir trabajar para ser maltratado, abusado, acosado, exprimido, exigido hasta el límite o incluso desprestigiado al punto de sentirse un inservible, un inútil. Ya sea de manera directa como en el caso del Mobbing o el Bossing o de manera indirecta por sobrecarga o sobreexigencia como en el Burnout, el trabajo se vuelve una pesadilla que nadie quiere soñar, una realidad que nadie quiere vivir y una obligación que nadie quiere tener.
Y ante todo esto me pregunto queridos lectores… ¿qué lugar ocupamos cada uno de nosotros en esta maquinaria de patología e incapacidad?, ¿qué estamos haciendo como sociedad, ya sea como trabajadores, clientes, empleadores, autoridades, o simples observadores para que este problema se esté transformando en la epidemia de las empresas del siglo XXI?
Y llamo a esta reflexión amigos, porque todos en mayor o menor medida somos generadores de esta problemática. Quizás un día de mal humor tratamos mal a un empleado en un comercio, o tal vez nos enojamos con la maestra de nuestros hijos por una discrepancia de opiniones y no la tratamos adecuadamente en una reunión, o quizás hoy humillé a mi empleado por no terminar un trabajo en tiempo y forma, sin necesidad de ese maltrato para marcar una corrección. O cuantas veces hemos criticado a un compañero de trabajo porque no nos gustó su modo, o su ropa, o su voz, o sus aspiraciones. Sea como sea, todos podemos ser una semilla en esta cadena de malestares que nos llevan a la enfermedad y a olvidarnos que detrás de ese trabajador, de ese jefe, de ese cliente, de ese compañero, hay un humano que pide ser siempre tratado con dignidad.
Es una pena enorme que mientras más supuestamente “evolucionados” somos, más lejos estamos de valores básicos como la empatía, el respeto y la dignidad. Es doloroso que cuando pensamos en trabajo en los tiempos que corren, ya no pensamos en que el “trabajo dignifica” como nos legaron nuestros ancestros. Por el contrario, lamentablemente en muchísimos casos hoy el trabajo es sinónimo de dolor, de angustia, de maltrato, de obligación y de vulnerabilidad.
La pregunta sería… ¿podremos hacer el cambio antes que sea demasiado tarde?, ¿seremos capaces de recuperar la dignidad de nuestros labores? Deseo fervientemente que así sea, soy una convencida que una sociedad que posea trabajadores que dignifiquen su trabajo y que sean un poco más felices en sus tareas, es una sociedad que tiene un mejor futuro.
Por mi parte, desde este espacio les dejo la semilla de la oportunidad, una oportunidad de hacer las cosas más saludables en lo que respecta a nuestro lugar en este tema y en esta sociedad. ¿se suman?