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Periódico de distribución gratuita. Año 521 - N° 521 - JUNIO 2018

¿Por qué elegir un Fideicomiso?

Por Abog. Horacio J. Cordeiro Pinto (abogado) y María Jalil (Escribana)

Información general

2018-05-10 |
En sucesivas entregas, hemos venido explicando en qué consiste el Fideicomiso, cómo funciona y cuáles son sus aplicaciones más frecuentes.
Estamos, entonces, en condiciones de extraer algunas conclusiones sobre la utilidad de la figura y, fundamentalmente, sobre las ventajas que presenta respecto de otras formas tradicionales de organización patrimonial y empresaria.

Porque sirve para muchas cosas
El fideicomiso es un negocio abstracto, que puede ser utilizado con infinidad de fines.
La compraventa sirve solamente para transferir la propiedad de una cosa. El mandato sirve solamente para encargarle a alguien que ejecute actos jurídicos. La fianza, sólo para garantizar el cumplimiento de obligaciones.
El Fideicomiso sirve para todo eso, y para otras cosas más.

Porque brinda garantías y beneficios a todos los involucrados
El Fideicomiso ofrece a todos los involucrados importantes garantías, que se derivan de su propia naturaleza.
A los Fiduciantes les asegura que su patrimonio personal no quedará afectado por deudas del Fideicomiso. En esto, se superan largamente formas tradicionales e informales de hacer negocios.
A los terceros acreedores del Fideicomiso, les garantiza que los malos negocios e incluso la quiebra de Fiduciantes no los afectará, porque existen bienes separados que responderán siempre por sus deudas. E, inclusive, ante la muerte o insolvencia del Fiduciario, es posible seguir adelante con el negocio.
Ofrece ventajas a los Beneficiarios, que obtienen del negocio un beneficio sin tener a su cargo la gestión (que está en cabeza de un Fiduciario sometido a deberes relevantes y que puede ser removido si no los cumple).
Brinda oportunidades a personas físicas o idóneas en alguna actividad para ofrecerse como Fiduciarios y, administrando un patrimonio, obtener a cambio una remuneración.

Porque ofrece mecanismos flexibles y simplificados
El Fideicomiso se adapta para cualquier negocio particular y está sujeto al diseño que las partes hayan escogido.
Si hay muchos beneficiarios, pueden establecerse Asambleas; si no los hay o se considera inconveniente, puede prescindirse de esa figura y darle más facultades al Fiduciario.
Pueden fijarse órganos de control, o no.
Pueden regularse las facultades del Fiduciario de manera amplísima o limitada.
A diferencia de las sociedades, las reglas que rigen el Fideicomiso son sumamente flexibles y dependen de lo que las partes hayan considerado más conveniente para el caso concreto.
El Fideicomiso es un traje a medida para los negocios que se quieran implementar, y una adecuada regulación permite contar con herramientas jurídicas superadoras de las demás formas de organización existentes (incluso las societarias).

¿Y cuál es el Fideicomiso que debemos elegir?
Como si fuera una publicidad, podemos decir que existe un tipo de Fideicomiso para cada necesidad.
De lo que no hay duda es de que, al momento de implementarse un Fideicomiso, no debe escatimarse esfuerzos en buscar el modelo adecuado y regular todo aquello que corresponda.
El Fideicomiso no es como un contrato de alquiler que se puede comprar en un Kiosco (los famosos formularios “verdes”), sino un contrato que exige elaboración, análisis y un ajustado diseño por parte de especialistas.
En este sentido, es recomendable cierta prudencia y prolijidad al armar el contrato y, obviamente, la consulta con especialistas. No tenemos dudas de que una inversión preventiva al redactar el contrato es un gran negocio, que le generará a quien la hace futuros beneficios y le evitará problemas.