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Periódico de distribución gratuita. Año 531 - N° 531 - NOVIEMBRE 2018

Se cayó por su propio peso

LA CAIDA DE MAURICIO DOVA

Política

2018-11-22 | En su último acto en la función pública Mauricio Dova tampoco eligió el camino de la verdad y la autocrítica. “Me voy con la tranquilidad de la misión cumplida” dijo por las redes. Desde el gobierno justificaron su “renuncia” por cuestiones personales.
Dova no dijo la verdad: habría sido el propio intendente Juan Manuel Llamosas el que le pidió que se fuera.
Cansado de las torpezas políticas de su funcionario y amigo, Llamosas decidió no sostenerlo más en el cargo y lo invitó a retirarse del Gobierno.

Mauricio Dova cayó por su propio peso. Por su personalidad, seguramente no lo verá de esa manera y sin duda hará una larga lista de supuestos responsables de su caída.
Dova empezó a generar antipatías desde el primer día que pisó el Palacio de Mójica. Creyó que el elector de Juan Manuel Llamosas lo habilitaba a hacer y deshacer a su antojo. Pensó que eran él y Llamosas quienes habían ganado la elección.
Llamosas no se olvidó de su amigo y le dio todo el poder. El mismo que Dova rifó en los tres años de gobierno.
Embistió contra todo y todos. Las primeras víctimas por supuesto fueron los empleados municipales de la gestión anterior. Más allá del recambio acostumbrado de contratados cuando una gestión se va y otra viene, la manera que empleó el en ese entonces secretario de Gobierno, fue sin clemencia. Sus arbietrariedades provocaron muchas lágrimas en personas que, eran mucho más que radicales o simpatizantes de Jure, era padres y madres de familia que se quedaban sin trabajo.
No le importó.
Pensaba que su amistad con el intendente le daba un privilegio que sostuvo durante mucho tiempo. Los desplantes hacia el resto de los integrantes del gabinete eran moneda corriente. El, Dova, era parte de la mesa chica del gobierno y ese lugar no se lo disputaba nadie.
Como se llevaba mal con Guillermo Natali, a cargo del área de prensa, creo su propio equipo, paralelo al de la Subsecretaría de Comunicaciones. Como se aburría en las reuniones de Gabinete se levantaba y se iba.
El primer golpe que lo tiró a la lona pero del que pudo levantarse con algunos magullones, fue el escándalo de los cheques del Edecom. Sintió el golpe porque ningún compañero de gabinete subió a ponerle el banquito para que tomara un respiro y pudiese seguir en el ring.
Otra vez, el salió a socorrerlo fue su amigo, el intendente.
La estafadora Carolina Torres se defendió diciendo que Dova le había dicho que se cobrara con los cheques, y después desapareció misteriosamente de escena. ¿Hubo arreglo? Algunos dicen que la señora habría sido ubicada en otro empleo público.
Dova entró chocho a Políticas Sociales. Quería ser el bueno de la película. Empezó a visitar comedores y salitas y vecinos y a charlar con los riocuartenses. Pero en su primer acto político volvió a romper en vez de armar: se peleó con el subsecretario de Desarrollo Social Pablo Bertea, a quien en vez de convocarlo para ver cómo se iba a organizar el área, le habría advertido en términos amenazantes que ahora “el jefe” era él. Otra vez tuvo que intervenir el intendente para calmar los ánimos.
Las últimas semanas Dova siguió inmolándose. Se fue de vacaciones a Brasil y dejó deberes pendientes en la Secretaría. Mientras tomaba su daiquiri en playas brasileras los comedores comunitarios de Río Cuarto se quedaban sin pan. ¿Con quién se enojó él? Con los compañeros que no lo cuidaron y dejaron trascender la noticia a los medios.
Un cheque sin fondos firmado por Dova y que era por 21 pesos para pagar el servicio de un geriátrico que cobra 3.500 pesos por jubilado insolvente lo volvió a poner en el centro de la escena.
En medio de rumores de posibles retornos de empresarios de distintas actividades, Dova fue el único secretario que en un año pudo adquirir dos propiedades de inversión millonaria sin desprenderse de las que tenía y sin declarar créditos o ingresos excepcionales.
El viernes a la mañana cerró las puertas de la Secretaría. Como si fuese un kiosco, sin consultar a nadie, ni él ni su gente estaban dispuestos al público.

La cosa estaba a punto de explotar. Y explotó cuando Dova cometió un error político imperdonable: mordió la mano del amo, para salvarse raspó a su jefe político, es que de tanto sostenerlo de la piola, el intendente Juan Manuel Llamosas comenzó a patinar y su amigo se lo estaba llevando puesto.
No es que vaya a deteriorar su imagen positiva, pero que le estaba gastando las zapatillas y lo estaba raspando.
Cuando el intendente lo convocó a una reunión en el Palacio, desde un teléfono sin identificar comenzaron a llegar mensajes para que personal municipal cercano y no tan cercano a Dova concurriesen a la Municipalidad. En un acto de desesperación Dova habría organizado una movilización para presionar al intendente, al que dicho sea de paso era su amigo y jefe político.
Dova le mordió la mano, lo expuso, lo ridiculizó ante el resto del gabinete. “No lo puedo creer”, decían los peronistas cuando se enteraron de la movida. “Nunca vimos algo así”, decían desde la oposición.
Finalmente al intendente no le quedó otra alternativa que echarlo. Aunque seguramente es una decisión que le dolió tomar, a Llamosas no le quedaba otro camino si quería transitar con más tranquilidad el 2019.
Alejandra Elstein