Dólar: Compra: ${dolar_c} Venta: ${dolar_v} | Euro Compra: ${euro_c} Venta: ${euro_v}

Periódico de distribución gratuita. Año 536 - N° 536 - MARZO 2019

Todo tiene que ver con todo

Nota Principal

2019-03-08 | Numerosos testimonios revelan los distintos vínculos que existen entre los personajes que hoy están siendo investigados por la justicia. Los nombres se repiten a través de los años en la participación de los más variados delitos. Un detalle que sale a luz: la traición y la venganza entre narcos y narcos y entre policías y policías es parte de la estrategia del negocio.
Era la medianoche del 16 de noviembre de 2014. Adrián Andrada y su pareja disfrutaban de la noche sentados en una de las mesas ubicadas sobre la verederas del Pasaje Dalmasso. Por la calle pasa un Peugeot 308 blanco que detiene su marcha. El conductor se baja, Claudio Ojeda. El acompañante también, Coco Mercado. Los otros que iban con ellos se quedan cerca. El fiscal determinó que el Coco agarra un cuchillo y una silla de una de las mesas y Andrada dos cuchillos. Se acercan a Ojeda quien, como si supiese de qué se trataba, no duda ni espera, no discute ni regala segundos a los agresores, corre hacia su auto que estaba ubicado a pocos metros del lugar y saca una pistola. A Mercado lo apunta y este se escapa. Andrada no tuvo suerte. Pide clemencia pero no hay caso. Ojeda le apunta y le dispara. Andrada quiere correr y Ojeda le vuelve a disparar. Se terminaron los días de Ojeda.
Esa noche el narco Claudio Torres estaba con el grupo de Coco Mercado. Andrada dijo que las diferencias con Mercado habían comenzado hacía unos diez meses, porque éste creía que había salido con su mujer.
Aunque la experiencia indica que el sentido común no prima en los hechos delictivos, aparece improbable que más allá del escenario amenazante de tener dos individuos armados con cuchillos increpándote hubiese terminado en un homicidio, especialmente si uno de ellos es un personaje público como Mercado, y con responsabilidad en el sindicato de los trabajadores de Surrbac.
Pero volviendo al hecho, uno de los protagonistas que participó de la causa, señaló a Otro Punto que la diferencia era por droga. “Hay un código que nunca se rompe. Los narcos nunca van a decir que un problema fue por droga. Te dicen que es por mujeres, por un auto que no pagaste, por plata que devolviste, porque los chicos se pelearon en la escuela. Pero de droga, nada”.

El tejido del narcotráfico en la ciudad, que comenzó a mostrar sólo algunas de sus puntas este verano, es complejo, con amigos que no son tan amigos, con investigadores que son captados por los traficantes, con fuerzas policiales que se investigan y se delatan cuando les conviene mutuamente, con nombres que se repiten en los más diversos hechos delictivos y con mucha gente que tiene miedo. Pero miedo en serio.

Gustavo Oyarzábal.- El subcomisario es uno de los 17 detenidos por el Juzgado Federal. Una de las responsabilidades por las que se lo está investigando es por haber actuado de manera deficiente en la investigación por el crimen de Claudio Torres y de tener algún vínculo con la banda. Oyarzábal llegó al domicilio de Torres poco después de que los sicarios lo acribillaran. Aparentemente no habría preservado la escena del crimen como indicaba no sólo la práctica policial sino también el sentido común de cualquier vecino. Después de revisar el Audi TT en el que trasladaba Torres, uno de sus acompañantes, Gabriel Bossi, se lo pudo llevar. ¿Por qué? ¿Con qué necesidad? ¿A dónde? No es que lo corrió unos metros, se lo llevó a Buenos Aires.
Además, de la escena del crimen, desapareció el celular de Torres, entre otros.
¿Pero quién es Gabriel Bossi? Además de estar con Torres, el sujeto es el novio –o lo era al menos- de la hija de Pepe Vargas. Y otra vez los personajes se cruzan.
Fue en el 2011, hace ocho años, que Rosa Sabena denunció a Gustavo Oyarzábal de encubrimiento hacia los Vargas Parra, hoy en la cárcel por la desaparición de Nicolás. ¿En su desesperación por encontrar a Nicolás, Rosa estaba viendo fantasmas en todos lados?, podría ser la pregunta de ese momento. Todavía no era jefe de investigaciones sino que estaba a cargo del área de telecomunicaciones. En su persistente investigación, Rosa pudo conseguir sólo dos escuchas de Oryazábal con la hija de Vargas. Cabe destacar que las comunicaciones del policía fueron numerosas, pero por el momento Rosa tiene estas dos. Además de lo que ya se conoce públicamente y todavía se sigue discutiendo sobre los avisos sobre los allanamientos, hay una en particular donde el policía se comunica con la mujer y le dice, palabras más, palabras menos: “Hola morocha, cómo andas, discúlpame que te joda, es por el tema del pendejo este, de Sabena. Porque tu teléfono, el que termina con 471, está recibiendo mensajes de 744 que tiene característica de Rosario, y ese es el último número que se comunica con el coso este.
Ella le dice que dice no conoce nada del tema. Pero da la casualidad, que al otro día, se presenta “espontáneamente” y rectifica una declaración anterior en la que afirmaba que no sabía nada de ese teléfono con característica de Rosario, y que en realidad ahora recordaba que ese número le pertenecía a ella, que el teléfono se lo había comprado a un vendedor ambulante de fuentones y que cuando se le terminó el crédito, lo tiró.
A todo esto, otros policías le decían a Rosa que seguramente ese teléfono lo tenía Nicolás, que el joven debe de haber sido enviado a Rosario ya que por su buena presencia de chico bueno y educado, podría estar siendo utilizado para llevar o traer drogas. Sin embargo, las antenas demostraban que el teléfono era usado en Río Cuarto, y más precisamente, en la zona donde los Vargas tenían la quinta.
Rosa pide las desgravaciones de todas las escuchas pero nunca recibió respuesta. Mejor dicho sí, le decían que eran comunicaciones sin importancia.
Así es como Oyarzábal fue imputado por encubrimiento agravado por favorecimiento personal en su calidad de funcionario público. El asunto todavía está en tribunales, ya que la Cámara del Crimen le dio la razón a Rosa, pero los fiscales todavía no han tomado una resolución definitiva.
Esta parte de la historia que se cuenta de manera muy reducida, tiene varios capítulos que efectivamente, demostrarían una connivencia entre efectivos policiales y los Vargas Parra. Rosa, que conoce el expediente de memoria, puede estar todo un día contando la trama de los vínculos que habrían existido entre unos y otros, pero por cuestiones de espacio, nos quedamos con este solo suceso.
En síntesis, aquí se puede observar que uno de los detenidos que trabajaba con Torres, Gabriel Bossi, el que se llevó el auto, también tenía vinculaciones con los Vargas Parra, y que para Gustavo Oyarzabal, ahora ex jefe de investigaciones, la relación no era desconocida.

Pero sigamos con la trama actual de narcolavado.
En el 2015 estalla la causa de los narcos gendarmes y un grupo de civiles narcos que ya fueron condenados por la justicia, que incluía al ex comisario Leonardo Hein. El ex jefe de drogas peligrosas fue grabado mientras mantenía una serie de conversaciones con los civiles que traficaban drogas, en un tono de extrema confianza y que motivó la condena a Hein por no haber informado a sus superiores los vínculos que mantenía con los narcos. Este fallo ya fue apelado por los fiscales federales ya que consideran que el policía también era integrante de la organización.
En esta parte de la trama vale la pena analizar lo sucedido. A Hein lo investigaron los federales. Y fue desde la policía federal que dejaron trascender las escuchas del comisario con los hoy condenados. Su defensa asegura que esta maniobra, donde sostienen que las grabaciones pudieron ser manipuladas, editadas, seleccionadas y armadas, tenían como objetivo perjudicar al policía por su exitoso trabajo en la lucha contra el narcotráfico.
Y aquí aparecen los actores de la investigación actual sobre narcotráfico. Uno de los 17 detenidos es el joven Jonathan Monserrat, yerno de quien fue segundo jefe y luego jefe de la delegación de la Policía Federal de Río Cuarto, Sergio Almerich (en diciembre de 2018, antes de que explote el tema, trasladado a Bariloche). Según los investigadores, Monserrat tendría vínculo con Mariano Rivarola, también detenido por supuesto integrante de una organización de narcotráfico y lavado de activos.
Si la policía federal quiso “sacarse de encima” a Hein, ¿tuvo algo que ver la relación familiar entre el jefe de la delegación local con Monserrat quien a su vez supuestamente trabaja con otra de las bandas narcos de la ciudad que no era la de Torres?
Si es cierto lo que dicen los gendarmes, que fueron infiltrados en la banda de Torres para espiarlo, que tenían información que lo comprometía y que los civiles condenados trabajaban para Torres, se puede pensar que los federales operaron para desbancar a Hein, en beneficio de otra de las supuestas bandas, hoy investigadas por el juez Carlos Ochoa.
En síntesis, policías contra policías.
Los Rivarola
Dos de los detenidos más comprometidos por el momento son los hermanos Rivarola. Andrés fue quien declaró ante el juez Carlos Ochoa. Su abogado defensor, Rolbi Valdivieso sostuvo que los bienes y las posesiones de Andrés estarían justificados. Asegura que presentó abundante documentación que avala cada una de sus propiedades e incluso el dinero en efectivo que se encontró en los allanamientos. Sin embargo, seguiría en la mira de los investigadores.
El caso de Mariano es bastante más distinto. Tiene antecedentes. Fue condenado hace poco, en diciembre de 2018, por la Cámara del Crimen de San Francisco a cinco años de prisión por ser considerado coautor de robo calificado por escalamiento. Rivarola quedó en libertad hasta que la sentencia quedase firme. Pero luego fue detenido en la causa del narcotráfico en Río Cuarto.
El hecho del que participó Rivarola fue un sonado robo en una mutual de Devoto en el 2015, donde además fueron condenados el policía Mariano Valero como partícipe necesario; Daniel Nieto a 5 años por co autor de robo calificado por escalamiento; Victorio Bernardo a 5 años y 6 meses por partícipe necesario y la unificación de una pena anterior.
Consideraron involucrados en el robo a Silvio Rodríguez quien estaba prófugo al momento de la sentencia y Cristián Fabián Ortíz, quien no compareció en la audiencia y pidieron su captura.
Y atención con este nombre, porque justamente Cristian Ortíz es el prófugo que está buscando la Justicia Federal en estos momentos.

Otro de los antecedentes que registra Mariano data del 22 de octubre de 2005. Gustavo Millauro arribó a una playa de estacionamiento donde estacionó la traffic en que se conducía. En el lugar se encuentra con un VW Golf donde estaba Mariano Rivarola, con quien mantenía una antigua enemistad. Millauro, portando una pistola sin cargador pero con un cartucho colocado en su recámara, se acercó al auto, miró por el parabrisas y al no encontrar el blanco se acercó por la ventanilla y le apuntó a Rivarola a la cabeza. No tuvo suerte. Rivarola pudo correrse y el disparo le impacto en el hombro izquierdo.
Rivarola tomó el arma que tenía en su auto y respondió con ocho disparos. Todos fueron a dar contra el cuerpo del confiado Millauro, que había cometido la imprudencia de ir a atacar a Rivarola con solo una bala en su pistola.
La discusión judicial fue si Rivarola se había excedido en su defensa o no le quedó otra que actuar de la manera en que lo hizo. Unos decían que le disparó ocho veces al cuerpo cuando el otro ya no tenía balas en la pistola, pero cabe preguntarse cómo iba a saber Rivarola con un arma a veinte centímetros y un disparo en el hombro que el otro no tenía más balas.
Los Rivarola y Claudio Torres se conocían entre sí. Así lo demuestran algunas fotos donde se los ve juntos y en un ambiente familiar.
Pero como Rivarola no quiso declarar serán los investigadores quienes puedan establecer la relación.

Esta telaraña de vínculos que cuesta desentrañar es sólo una parte de las relaciones que existirían entre delincuentes, policías, traficantes y comerciantes en mundo del delito y las drogas. Pero solo una parte. Hay mucho más. Pero esa será parte de otra historia.