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Periódico de distribución gratuita. Año 546 - N° 546 - JULIO 2019

Caso Mercado: Había una vez una muestra de sangre...

El fiscal Julio Rivero pidió tres años y medio de prisión efectiva para Coco Mercado. Lo acusa de homicidio culposo agravado por conducción negligente de vehículo. La defensa del gremialista solicitó dos años de prisión en suspenso. Dispar opiniones entre los dichos de los testigos y las pruebas de sangre.

Nota Principal

2019-05-10 | Como siempre, la justicia se toma su tiempo para dar su veredicto. Pasaron ocho años desde que Jorge Coco Mercado volvía de un baile en Sampacho conduciendo una camioneta cero kilómetro que los riocuartenses pagaron con sus impuestos cuando se estrelló contra un Fiat Iveco provocando la muerte de un hombre.
Ocho años donde la defensa apeló a todos los recursos legales para evitar que Mercado se sentara en el banquillo de Tribunales.
Ocho años para que nuevamente aparezca la duda sobre la pericia de análisis en sangre que se realizó sobre Mercado y que dio un sorprendente resultado negativo.
Pudo haber sido una tragedia de la que nadie está exento, pero esa madrugada de fiesta, Mercado, después de conducir de manera zigzagueante e impactar con el vehículo que venía en sentido contrario, se bajó del vehículo y disparó hacia el campo.
No sólo manejó de manera temeraria como explicó el fiscal Julio Rivero en su alegato, sino además nunca -hasta esta semana- demostró señal de arrepentimiento.
Esta semana, ocho años después, el fiscal de Cámara Julio Rivero pidió una condena de 3 años y medio de prisión efectiva para Mercado, acusado de homicidio culposo agravado por conducción negligente de vehículo.

El periodista Alejandro Fara humanizó la crónica del accidente en Puntal:
“Es la madrugada del 26 de agosto de 2011 y, sin sospecharlo, Héctor Manzano conduce una camioneta Fiat Iveco que va directo a la tragedia.
Manzano, un excamionero experimentado, lleva el coche cargado de viguetas y hierros para la construcción. Salió de un corralón de Río Cuarto por la ruta 8 rumbo a la localidad puntana de Anchorena. Va a 70, a lo sumo, a 80 kilómetros por hora como de costumbre cuando viaja con sobrepeso. Como de costumbre también lo acompaña Pedro Fredes, un viejo amigo, un hombre de 60 años que siempre se ofrece a ir con él, para no aburrirse, para darle charla.
En eso están los dos, en hacer chanzas, cuando pasan por el cementerio y crematorio de Santa Catalina: “Mirá, estos parecen que están de asado”, lo chucea Fredes y se ríen con ganas. Pero la risa se les congela en un rictus cuando salen a la siguiente curva y ven las luces enloquecidas que se les abalanzan, haciendo zigzag.
-¡Mirá, estos hijos de puta! -Alcanza a advertirle Fredes-, cuando ve que la Ford Ranger se les viene encima, bamboléandose de una punta a la otra de la ruta.
Manzano ve venir lo peor y se lo dice a su amigo. Es la despedida que quedará clavada como esquirla en su memoria: “¡Sonamos, compañero!”.
Pedro Roque Fredes murió en el acto. Tenía el cuerpo atravesado por los fierros cuando los bomberos lo sacaron de la Fiat Iveco. Manzano quedó entrampado en el habitáculo del conductor. Para tranquilizarlo, los bomberos le decían que su amigo estaba bien, que lo que importaba ahora era poder liberarlo a él entre las chapas aplastadas”.

La pericia
Aquella mañana cuando trascendió la información sobre el accidente, quienes tomaron contacto con Mercado aseguraron que el dirigente de Surrbac tenía olor a alcohol. Sin embargo la pericia oficial dijo otra cosa. El resultado de alcohol en sangre dio negativo.
Su abogado defensor, Jorge Sánchez del Bianco, se aferró a esa pericia y dijo a los cronistas que lo consultaron que Mercado no estaba alcoholizado en el momento del accidente aunque no explicó por qué los testigos hablan de que el Coco venía conduciendo zigzagueando en la ruta a alta velocidad y de manera temeraria.
También asegura que el acusado no quiso escaparse de la escena, pese a que los efectivos policiales lo encontraron deambulando en el campo.
Con estos elementos, el letrado pide que la justicia lo condene a dos a años de prisión en suspenso, fallo que dará a conocer la jueza Virginia Ema el próximo 27 de mayo.

¿Tomó o no tomó?
En el 2011 el fiscal de Instrucción Javier Di Santo inició una investigación para determinar si las muestras de sangre habían sido adulteradas ya que no pudo evitar su sorpresa al leer el resultado del análisis efectuado por la Policía Judicial, que indicaba «la ausencia de alcohol u otras sustancias».
Las muestras habían sido embaladas, herméticamente cerradas y enviadas a Córdoba. En el lugar de recepción se indicó que el paquete había llegado en iguales condiciones.
Resultaba llamativo que pese a la declaración de los testigos, policías y personal médico, que al acompañante de Mercado el análisis le diese positivo, que al Coco lo habían encontrado con los ojos enrojecidos y presunta halitosis alcohólica, obtuviese un resultado pericial negativo.
¿Qué pasó cuando se tomó la muestra de sangre? ¿Se dejó arruinar la muestra? ¿Se cambió en el camino?
Hay varias posibilidades, el Coco fue designado conductor responsable y esa noche no tomó alcohol, los testigos tuvieron una mala impresión de lo que pasaba o alguien manipuló la evidencias.
La última palabra la tendrá la jueza. ¿Se hará justicia?



El Coco, siempre
al límite

El secretario general del gremio de los recolectores de residuos en la ciudad (Surrbac) Jorge Mercado, está siempre al límite.
El accidente que protagonizó hace ocho años es sólo uno de los tantos episodios que han sido cronicados por los medios de comunicación.
Desde su conducción el gremio les ha dado más de un dolor de cabeza a las distintas conducciones de la empresa. Desde exigir atenciones especiales como que el municipio regalara bicicletas a los hijos de sus afiliados para el Día del Niño a
amenazar a directivos privados. Como se sabe, la camioneta que estrelló en la ruta era de Gamsur. Era de color negro a pesar de que todos los vehículos de la empresa debían ser blancos. ¿Saben por qué? Porque al momento de comprarla las autoridades del gremio pidieron que la de ellos fuese negra. Y punto.

El crimen del Pasaje Dalmasso
Lo cierto es que el Coco siempre está al límite. Cabe recordar el ataque a Claudio Ojeda en la puerta del Pasaje Dalmasso. Fue el 16 de noviembre de 2014. Claudio Ojeda y su pareja disfrutaban de la noche sentados en una de las mesas ubicadas sobre la verederas del Pasaje Dalmasso. Por la calle pasa un Peugeot 308 blanco que detiene su marcha. El conductor se baja, Adrián Andrada. El acompañante también, Coco Mercado. Los otros que iban con ellos se quedan cerca. El fiscal determinó que el Coco agarró un cuchillo y una silla de una de las mesas y Andrada dos cuchillos. Se acercaron a Ojeda quien, como si supiese de qué se trataba, no dudó ni esperó, no discutió ni regaló segundos a los agresores, corrió hacia su auto que estaba ubicado a pocos metros del lugar y sacó una pistola. A Mercado lo apuntó y este se escapó. Andrada no tuvo suerte. Pidió clemencia pero no hubo caso. Ojeda le apuntó y le disparó. Andrada quiso correr y Ojeda le volvió a disparar. Se terminaron los días de Ojeda.

Samuel Mansilla
Uno no puede hacerse responsable de las acciones de los amigos. Pero Surrbac otra vez apareció colateralmente en las crónicas policiales cuando uno de sus integrantes, Samuel Mansilla, fue detenido por el Juzgado Federal en el marco de la causa de tráfico de drogas y narco lavado.
Mansilla era coordinador de una de las copitas de leche que el gremio tiene en la ciudad como parte de sus políticas sociales. Militantes, vecinos y trabajadores en el sector señalan que era un secreto a voces que el tráfico de drogas estaba presente en el lugar. Claro está que nadie quiere decirlo oficialmente porque “tenemos miedo”. Y no es reprochable que así sea porque ellos son los que van todos los días al territorio poniendo el cuerpo y el alma.