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Periódico de distribución gratuita. Año Edicio - N° 0 - OCTUBRE 2019

Los fundamentos del fiscal se centran en los indicios

Nota Principal

2019-10-07 | El primer acto del plan criminal para matar a Nora Dalmasso habría sido instalar que la mujer tenía un amante y que ese amante era el abogado Rafael Magnasco. Era el perfil indicado. Hasta sus conocidos iban a creer que “el Rafa”, buen mozo, salidor nocturno, fiestero, cercano al círculo de amigos del secretario de Seguridad Alberto Bertea, tenía una relación con Norita.
Semanas antes del crimen ya circulaba entre el círculo chico de Nora que estaba engañando a Marcelo con el “Rafa”.
Lo dijeron sus amigas cuando el cuerpo de Nora todavía yacía sobre la cama donde la mataron: “parece que fue un juego sexual”, “fue el Rafa”, “tenía un amante”, “era muy liberal”.
Rafael Magnasco no sabía que emborracharse el viernes 24 en el asado que se hizo en la quinta de Nicolás Courchod le iba a servir de coartada irrefutable. Estuvo toda la noche con sus amigos y dos de ellos lo tuvieron que llevar hasta su casa donde lo dejaron descansando.
Pero el rumor había sido tan fuerte, que lo mismo se sometió a la investigación de la cual surgió que el abogado no conocía a Nora, no tenía relación con ella y no había ninguna señal que lo ubicara en la casa de Villa Golf la noche del crimen.
El objetivo de quienes planificaron el crimen estaba dando sus frutos: perder tiempo y no buscar donde había que buscar.

El viaje
Otra parte del plan criminal habría sido el viaje a Punta del Este.

Marcelo Macarrón mostraba un interés inusual para que todos sus amigos, conocidos y hasta el mozo que servía el café el los bares cercanos a tribunales, fuesen a jugar el torneo de golf en el Uruguay. Hasta el fiscal Javier Di Santo fue invitado. Y hasta Daniel Lacase, que no es amante del golf, que no era parte de la Peña 36 que lo organizaba, que no era amigo de los que iban, se “prendió” en la excursión a pedido de Marcelo Macarrón y la oposición del resto.
Misión cumplida. Cuando mataran a Nora eran muchos los que no iban a estar en la ciudad, ni Marcelo, ni su amante, ni Daniel Lacase. Para el fiscal esta sería la coartada perfecta.

Nora sola
Pero además de ausentarse Marcelo, Nora iba a estar sola el fin de semana en su casa.

Todo se fue organizando para que así pasara. Facundo Macarrón iba a venir de Córdoba pero después suspendió el viaje, la empleada doméstica recibió un franco compensatorio por parte de Marcelo que a ella misma sorprendió porque nunca surgía de ellos un acto de semejante generosidad; los trabajadores de la obra que se estaba realizando en la casa no iban a ir y el que fue no lo atendieron; el hermano de Nora estaba en el campo; Valentina en Estados Unidos; y el amante con ellos en Punta del Este.
Hubo un hecho que podía cambiar el plan. A una amiga de Nora se le ocurrió organizar una cena en el Resto Alvear para esa noche del viernes. Nora se lo contó a Marcelo a las 18.47, tal vez por eso a las 19.12 hubo un llamado telefónico para cancelar la reserva pero no tuvo éxito. Las mujeres consiguieron lugar y se quedaron a cenar.

El asesino habría entrado a la casa conociendo el lugar, los hábitos de Nora y por la puerta de atrás de la casa sin necesidad de forzarla. Sin sospechar nada la víctima entró a su domicilio, se cambió, se sacó el maquillaje y fue sorprendida por el o los atacantes. La mataron en cinco minutos con el cinto de su bata. No se pudo defender. No le robaron nada salvo un celular. Le dejaron el Rolex, los anillos, la plata. Simularon un acto sexual violento para seguir sembrando pruebas que llevaran a un ataque sexual. Lo consiguieron. No dejaron huellas de pisadas pese a la noche lluviosa ni rastro biológico.

Marcelo no le envió ningún mensaje a Nora durante los dos primeros días de viaje. Del análisis de los teléfonos surge que Nora fue quien lo llamó el viernes para avisarle de la cena. El que sí le mandó mensajes y fue respondido fue su amante.
Al fiscal le llama la atención que Macarrón no hubiese querido comunicarse con su esposa, ni siquiera para contarle lo bien que le iba en el torneo, durante el viernes y sábado pero si mostró un interés obsesivo para hacerlo el domingo. Tanto es así que llamó a su hijo Facundo que estaba en Córdoba para ver si podía comunicarse con su madre ¿Por qué a Facundo que estaba también lejos y no a su vecino que tenía llave de la casa para entrar y ver si pasaba algo raro?
No, el camino se habría hecho más complicado. Facundo desde Córdoba llamó a su abuela en Río Cuarto y su abuela al vecino Pablo Radaelli. El fue quien entró a la casa por la puerta de atrás que estaba abierta, subió las escaleras y vio a Nora muerta en la habitación con las ventanas cerradas.

Nora la estaba pasando mal con Marcelo
“Este hijo de puta me tiene cansada, lo que va a lograr es que me voy a separar”, Nora.

Hay dos versiones sobre una misma cuestión: ¿Nora se quería separar de Marcelo? Las amigas de la víctima señalan al matrimonio como “normal” o “común” con las discusiones o desavenencias propias de una pareja con más de 20 años de casados.
Sin embargo, no es lo mismo que dijeron las personas más allegadas a la víctima. Una semana antes del crimen Nora fue a la casa de su madre, pegó un portazo, estaba llorando y dijo “este hijo de puta me tiene cansada, lo que va a lograr es que me voy a separar”.
No era la primera vez que lo decía.
Una prima cercana de Nora comentó que cuando ella se separó de su esposo, hacía ya algunos años, la víctima le dijo “ojalá yo tuviera la independencia económica que tenes vos”.
Cuando iban a festejar el cumpleaños de Marcelo, Nora circulaba con una bandeja llena de merengues y su suegra le dijo “que ricos los merengues que le hiciste a mi hijo” a lo que la víctima respondió “no sé…me parece que me voy a separar de su hijo”.
Los más allegados de Nora insistieron en que la pareja “era una imagen que el matrimonio quería mostrar con la finalidad de generar y mantener vínculos sociales que entendían eran beneficiosos para la mejora laboral y el futuro de los hijos”.
Del análisis económico y patrimonial de la familia, queda claro que Nora no tenía independencia económica y que la mayor parte de los bienes habían sido adquiridos por el ingreso de su esposo. Y si algo la ataba a su marido, no habría sido el amor precisamente, ya que los dos mantenían relaciones extramatrimoniales desde hacía tiempo. “Vivían para las apariencias”, señalaron los testigos, y en ese marco la posibilidad de divorciarse y que Nora se quedara con la mitad de los bienes habría sido una idea que Macarrón no podía tolerar.
¿Puede alguien matar por dinero a la madre de sus hijos? Algunos las han matado por mucho menos.

Avaro y pijotero
Marcelo Macarrón vendió la cama donde mataron a Nora. Se la vendió a su empleada y se la fue descontando en cuotas.

¿Puede ser avaro un hombre que le regala un Bora cero kilómetro a su esposa? ¿Qué se va de vacaciones al Caribe? ¿Qué juega a un deporte caro como el golf? ¿Qué tiene a su hija en Estados Unidos? ¿Que mantiene un nivel de vida ostentoso?
Hay detalles que indicarían que sí. Nora disponía de su sueldo como empleada administrativa pero el mayor ingreso económico de la familia lo aportaba Marcelo. Como muchas esposas del mundo, Nora le ‘sacaba’ plata de la billetera a Marcelo. Pero sucede que -según los testimonios- Macarrón acomodaba los billetes de tal manera que si su esposa los tocaba, él la descubría.
Eso sí, “cuando Nora le pedía algo en público, Marcelo se lo daba” dice una de sus amigas.
Su amiga, Valeria Rohrer, lo describe de manera concluyente. Era un “avaro que en los viajes que hacían en común no pagaba nada”. Recordó que cuando viajaron a las Islas Vírgenes “estuvieron de arriba”. No pagaron el alojamiento porque un amigo les había prestado la casa pero además “cuando iba al supermercado Marcelo nunca llevaba la billetera”.
Su esposo, Miguel Rohrer coincidió definiendo a Marcelo, además de avaro, como “cargoso”, que quería ser su amigo, aunque muy generoso si alguno de los chicos se enfermaba ya que él estaba disponible en todo momento.
Son múltiples los testimonios que coinciden en que Marcelo era pura apariencia, que quería pertenecer al círculo social más top de la ciudad y donde el matrimonio se habría sostenido para mantener las apariencias.
Su amante de años, Alicia Cid, declaró sobre la manera ostentosa de mostrarse que tenía Marcelo cada vez que compraba ropa cara, cuando contaba que se iba a esquiar o realizaba sus viajes al exterior. En veinte años de relación nunca le regaló nada, ni una bombacha, de vez en cuando llegaba hasta la casa con un vino. En una oportunidad, le habría contado que tenía problemas económicos y le preguntó si le podía prestar algo de dinero. Macarrón le habría ofrecido lo que “hoy cuesta un café”.
Detalles, como dice Bermúdez.
Macarrón no estaba dispuesto a dividir el capital logrado con su esposa. Una amiga de Nora declaró que la víctima le habría dicho “si vos te divorciaras de Walter, él seguro te daría la mitad, en cambio Marcelo no me dejaría un peso, tendría muchos problemas con ese tema”.


¿Cuál era el capital para repartir?
¿Nora iba a aceptar sumisa una separación sin recibir lo que le correspondía por ley?

La casa del golf, dos departamentos en Córdoba, un local comercial en calle Corrientes al 100, los consultorios de calle Sobremonte, un terreno en el Golf, un departamento en Fotheringam al 500, una propiedad en Miami, un pool de siembra, los vehículos de alta gama.
Ahora bien ¿Nora iba a aceptar sumisa una separación sin recibir lo que le correspondía por ley? El análisis científico que se hizo post mortem de la víctima indicaría que no.
Sus padres, sus familiares, sus amigos, coinciden en que Nora era aguerrida, discutidora, que tenía una personalidad muy fuerte, no dudaba en discutir ni plantarse. No le iba a ser fácil a Marcelo divorciarse de Nora y discutir el reparto de bienes, más aún, si se tiene en cuenta que algunos de los testimonios manifestaron que Macarrón no podía justificar su nivel de vida con el ingreso de médico traumatólogo y que en el ambiente se decía que sería “testaferro de Daniel Lacase”.

Las mentiras
Nora ya estaba muerta.

El país había centrado su mirada en Río Cuarto. Las versiones sobre el crimen eran de las más dispares. Y para hacer más difícil el camino de la investigación, llegaron los profesionales de Córdoba para generar más caos del que existía, plantando pruebas, apretando gente, desviando las hipótesis, confundiendo.
El viudo no se quedaba atrás. El fiscal Luis Pizarro encontró múltiples contradicciones en sus distintas declaraciones y todas siguiendo un hilo conductor: inducir la investigación lejos de su persona.
Sea culpable o inocente, Macarrón mintió desde el principio.
El fiscal desmenuza la patética conferencia de prensa que ofrece el viudo junto a su abogado y a su hijo. La mentira más evidente fue “mi esposa era una empresaria exitosa”. Esta declaración se cayó a pedazos apenas se corroboró lo que Nora ganaba en la empresa donde trabajaba. Era el sueldo de un empleado administrativo de medio turno.
¿Qué quiso instalar Macarrón con una mentira tan refutable y absurda? Que estarían lejos de discutir por dinero.
En la misma conferencia dijo que si Nora había cometido errores en sus últimos años de vida, él y sus hijos la perdonaban.
Manifestó también que no había hablado todavía con las amigas con quien Nora compartió sus últimas horas de vida porque estaba shoqueado, sin embargo -señaló el fiscal- llamó a conferencia de prensa para sentarse frente a los medios del país. ¿No le interesaba saber cómo estaba Nora esa noche? ¿Qué había dicho? ¿Qué habían percibido ellas? No. No le interesaba.
Su esposa había sido asesinada, el país hablaba del crimen, los medios hacía bromas sobre su “mujer amada” y él seguía viendose con su amante, y como dijo en la conferencia de prensa había que seguir adelante, cada uno en su rutina, él trabajando y sus hijos recibiendo la “mejor educación”.
“Lejos de que el hecho se esclarezca busca ponerse en posición de víctima”, sostiene el fiscal.
En una de sus declaraciones ante la justicia Macarrón cuenta -sin que se le pregunte- que le parecía extraño que por la ventana de su dormitorio hubiese entrado agua, cosa que nunca ocurría, que en una de las pérgolas había marcas de pisadas y que había una escalera que el pintor nunca dejaba en ese lugar. Pero si la puerta de atrás estaba abierta por qué iban a tomarse el trabajo de subir por la escalera.
También mintió sobre su relación con Alicia Cid (ver nota aparte). Se contradijo sobre el frasco de vaselina sólida que estaba en la mesa de luz de Nora. Primero dijo que su esposa la tomaba por las constipaciones, cosa extraña porque los médicos dicen que no es aconsejable. Después señaló que el médico forense Martín Subirach, le dijo el día del sepelio, que “esto había sido sexo consensuado con acceso anal y vaginal y mucha vaselina, en conclusión, una fiesta total”. Información que luego fue desechada y que demuestra una vez más la intención de Macarrón de “ensuciar a la víctima”.
Pero el viudo insistía. En otra declaración “espontánea” Macarrón manifestó que Nora dormía la siesta encerrada con llave porque le tenía desconfianza al personal que estaba trabajando en la casa. Y mencionó al pintor Gastón Zárate y la posibilidad de que Nora haya sido atacada en otro lugar y no en la cama.
El fiscal se respaldó en el informe de la autopsia psicológica realizada a Nora para sostener que “el único foco de conflicto, con capacidad de heteroagresión se centraba en la relación de la víctima con su esposo, descartando como causa de conflicto cualquier otra relación de Nora Dalmasso, ya sea con sus compañeros de trabajo, con amigas, con el amante, etc.”

Para el fiscal no había semen y el ADN de Macarrón no es
indicio de su presencia en el momento del crimen

Una pericia clave que todavía genera contradicciones es la que se realizó sobre el material genético encontrado en la escena del crimen y en el cuerpo de Nora.
Este dato esencial, porque un resultado coloca a Marcelo en la escena del crimen y el otro lo saca y lo ubica en Uruguay, alejándolo de ser el posible autor material del crimen de su esposa.
El fiscal Javier Di Santo en su momento y ahora Luis Pizarro, hacen una lectura diferente de la hacía su colega Daniel Miralles. Con el manejo de la misma información arriban a conclusiones opuestas.
¿Había semen en la escena del crimen?
El bioquímico policial Daniel Zabala tomó las muestras y realizó los primeros análisis sobre el material recogido, esto es exudado vaginal, anal y algodón en zona vulvar, determinando la presencia de semen. Según Pizarro, del estudio de Zabala se desprende que no había encontrado espermatozoides enteros pero cuando realizó la prueba de Fosfatasa Acida Prostática obtuvo resultado positivo.
Cuando estas evidencias fueron enviadas al Ceprocor el informe de este organismo manifestó que no había ADN masculino y que sólo estaba presente el de Nora Dalmasso.
Ante esta contradicción clave, se envió la evidencia a Química Legal de la Policía Judicial quien respondió que no había presencia de semen ni de espermatozoides. Para profundizar la investigación realizaron una prueba que consideran más específica para detectar la presencia de semen, que es la del Antígeno Prostático Específico, y también dio resultado negativo.
Este informe de Química Judicial fue enviado al FBI, que respondió en 2008 que tampoco había detectado la presencia de semen.
Al día de hoy el bioquímico Daniel Zabala insiste en que la muestra tomada en la zona vulvar de la víctima era significativa y que después de los análisis por él realizados determinó que era semen, y que con estos elementos se podía afirmar que Nora tuvo relaciones sexuales en el momento previo e inmediato a su muerte. El método, utilizado por Zabala, Fosfatasa Acida Prostática- fue considerado sensible, preciso y específico, por un estudio científico realizado por bioquímicos de la Universidad de Rosario.
Pizarro -en su requisitoria- se apega al informe del Ceprocor realizado por el método Antígeno Prostático Específico, -el cual sostiene que no había semen- por considerar que el sistema de análisis utilizado es más preciso que el que había utilizado Zabala.

La explicación del caso que da el informe señala: “el semen está constituido por líquido seminal y células, siendo estas últimas mayoritariamente espermatozoides…entonces es fundamental comprender la diferencia entre líquido seminal y semen. En el líquido seminal se hallan presenten tanto la enzima fosfatasa ácida como el antígeno prostático, pero la enzima fosfatasa ácida no es específica de líquido seminal ya que la secreción vaginal, aunque en menor cantidad, también posee actividad de fosfatasa ácida. Por el contrario el antígeno prostático es un marcador específico de líquido seminal. Además cabe destacar que el ADN se encuentra en el núcleo de las células, por lo que para detectar un perfil de ADN masculino no es suficiente con la simple presencia de líquido seminal, es imprescindible contar con células nucleadas, por ejemplo espermatozoides,…”. Para Pizarro, si ni Zabala ni otro técnico observaron espermatozoides y la prueba específica para determinar líquido seminal dio resultado negativo, sin lugar a dudas se puede afirmar que en las muestras no se halló semen.

Ahora bien, no había semen en el cuerpo de Nora ¿pero había otro tipo de material genético que señalara la presencia de alguna persona a través de ADN?
Un informe del Ceprocor de febrero de 20107 adelantó que se estaban obteniendo del cinto de toalla y la sábana de la cama de Nora (no en el cuerpo) marcadores genéticos de individuos masculinos en bajo número de copias. Tres meses después informan que habían encontrado ADN masculino compatible con el linaje de Félix Macarrón, en muy baja concentración.
Por su parte, el FBI, señaló que “luego de revisar en detalle los datos y las circunstancias del caso, no sería prudente y podría ser involuntariamente perjudicial para la justicia extraer conclusiones definitivas sobre los posibles donantes de las muestras biológicas examinadas”. El ADN estaba mezclado., por lo tanto no le era “posible deducir si los componentes de ADN de las muestras fueron el resultado de depósitos contemporáneos al crimen, si fueron depositadas con anterioridad, si fueron el resultado de la contaminación de la escena o si resultaron de actividades posteriores a la recolección”.
Luego, realizaron la prueba de lavado para ver si podía haber contaminación, y se llegó a la conclusión, que viviendo Macarrón en la casa y con su esposa, es posible que haya habido transferencia de material biológico a las telas que usaba Nora.
Para el fiscal, la presencia de ADN de Macarrón en las muestras analizadas no representa un indicio de su presencia en el momento del crimen.


Macarrón insistió para que
Lacase viajara a Punta del Este


En la requisitoria a elevación a juicio, el fiscal Luis Pizarro, ubica muy cerca de todo lo sucedido al abogado Daniel Lacase. No lo imputa, pero lo sienta al lado de Marcelo.
“Si Daniel Lacase no va, yo no voy”. Así le habría manifestado Marcelo Macarrón a por lo menos dos de los integrantes de la Peña 36 cuando estaban organizando el viaje a Punta del Este. El viaje al torneo de golf que se jugaba en Uruguay fue muy promocionado. Los más interesados en ir, eran lo que ya habían participado el año anterior, integrantes de la Peña 36, quienes se habían comprometido a asistir nuevamente en el 2006.
Pero pese la amplitud de la invitación, nadie pensaba ni quería invitar a Daniel Lacase, salvo Marcelo.
Así lo relata Justo Magnasco. Marcelo habría ido a su consultorio mientras se organizaba el viaje para decirle que Daniel Lacase también iba. ¿Por qué? ¿Sino es de la Peña?, le habría plantado Magnasco a su amigo. Después de un cruce de opiniones Macarrón le dijo que si Lacase no iba él tampoco. El interlocutor le dijo que si bien nos les interesaba que fuese Lacase sí querían que fuese él.
Aceptaron al invitado pero ninguno de los golfistas de Río Cuarto jugó con él. Más aún, “hicimos un sorteo para hacer la línea de cuatro jugadores y no lo incluimos”, declaró un testigo.
Macarrón quería que Lacase fuese con él a Punta del Este. ¿Por qué? Según el fiscal porque así se aseguraba tener conocimiento de la instrucción desde el principio de la investigación. Y los hechos demuestran que así fue.
Cuando volvían de Punta del Este a Río Cuarto, ya conocían sobre la muerte de Nora, Lacase realizó y recibió varias llamadas telefónicas. Una de ellas fue con el jefe de policía Sergio Comugnaro y otra con Tito Mugnaini. Al primero le habría dicho “denle para adelante” y al segundo (Puntal y Canal 13) que manejara el tema controlando lo que salía en la prensa.
Pero más aún, durante el viaje y mientras la policía estaba realizando las primeras pericias dentro del cuarto de Valentina, con el cuerpo de Nora todavía sobre su cama, Lacase se habría comunicado con uno de los efectivos.
También se comunicó con su novia Silvia Magallanes quien lo iba poniendo al tanto de todo lo que sucedía.
Causa extrañeza que después de enterarse que mataron a su mujer, estando a cientos de kilómetros de distancia, una de sus mayores preocupaciones sea la cobertura periodística del hecho y que nunca se hayan preguntado si ya habían encontrado al asesino.
Otro dato a considerar, aparte de plantar el rumor de Rafael Magnasco como amante de Nora, es el coletazo político que provocó el interés de que se investigara el “asado del viernes” en Banda Norte –la noche en que mataron a Nora-. Para el fiscal habría habido una intencionalidad política para perjudicar al entonces secretario de Seguridad Alberto Bertea y con quien Daniel Lacase tendría una enemistad manifiesta. También se logró el objetivo, además de la renuncia del ministro Sergio Busso, con los días Bertea también se alejó del cargo que ocupaba.
Hay un dato que el fiscal no menciona en su requisitoria, y es que en una de sus declaraciones, Lacase dice al pasar que ese domingo, en Punta del Este, como Marcelo estaba preocupado porque no podía comunicarse con Nora, y él sabía sobre el rumor de que Nora era amante de Rafael Magnasco, lo sacó a dar una vuelta en auto para entrenerlo, sembrando así una vez más la duda sobre Magnasco.
Macarrón no tenía ni influencia ni conocimiento ni llegada a la fuerza policial, sobre la cual el fiscal afirma que los enviados de Córdoba vinieron a desviar la investigación y cuyos alojamientos y consumos en la ciudad fueron abonados por Daniel Lacase.



Por miedo, la amante de Macarrón
se refugió en un convento

“Ustedes no conocen las razones por las que yo declaré así, yo tengo miedo de terminar muerta como ella, yo quedé muy mal”. La que habló así fue Alicia Cid, la mujer que durante veinte años mantuvo una relación con Marcelo Macarrón y que cambió sustancialmente la declaración realizada en el 2007 a la que le tomaron el año pasado cuando el fiscal Luis Pizarro la volvió a convocar.
La mujer que debió abandonar prematuramente su trabajo en tribunales después del crimen de Nora, con carpeta psiquiátrica y hasta se habría refugiado por un tiempo en un convento al cuidado de las monjas, es uno de los testimonios nuevos incorporados por el fiscal Luis Pizarro.
“Yo estaba asustada, tenía miedo de que me pasara lo mismo que a Nora, me cuidaba de tener las ventanas cerradas, miraba constantemente por el espejo retrovisor del auto, casi no manejaba y tenía temor de entrar el auto en la casa., me movía en remis ya que los periodistas me acosaban todo el tiempo”. Cuando los investigadores le preguntaron si sólo le tenía miedo a los periodistas Cid respondió que “no, tenía miedo real, miedo a que me mataran”.
Tanto era el temor de Cid para declarar, que la Justicia dispuso que la nueva declaración se realizara en la sede judicial de Córdoba.

El cambio de declaración
El 2 de enero de 2007, a un mes del crimen de Nora, Marcelo Macarrón se presentó a prestar declaración ante el fiscal Javier Di Santo. Cuando le preguntaron sobre sus posibles relaciones extramatrimoniales dijo haber tenido contacto desde hacía unos tres años, con Alicia Cid, pero que sus encuentros –sexuales- habrían sido esporádicos.
El 21 de febrero de 2007 los investigadores convocaron a Alicia Cid quien negó haber mantenido relaciones sexuales con el viudo, y que su vínculo se basaba en algunos llamados telefónicos para preguntarse mutuamente cómo estaban, hablar de la familia, y nada más.
Cid fue empleada del Poder Judicial desde 1982 hasta el 2014. A partir de julio de 2007- a meses del crimen- comenzó a pedir licencias médicas con diagnósticos tales como ansiedad, depresión, estrés, reacción vivencial anormal. Cuando cubrió el cupo de las licencias, 2009, se le otorgó una baja provisoria hasta el 2014 cuando obtuvo la jubilación por invalidez.
Antes del crimen de Nora, Cid nunca había registrado patologías de origen psiquiátrico.
En el 2018, el fiscal Luis Pizarro decidió convocar a Cid y tomarle una nueva declaración. Confirmando lo relatado en los párrafos anteriores, la testigo agregó que después de abandonar Río Cuarto se trasladó a San Luis, primero acompañada por unas monjas y luego con su hija. Ahora vive en otra ciudad.
Es decir que, después del crimen de Nora, su vida social, profesional y personal cambió del día a la noche.
En esta nueva declaración Cid reveló que su relación con Marcelo se mantuvo durante veinte años y que había comenzado antes de que el viudo se casara con Nora.
La mujer contó que unos quince días antes del crimen Marcelo la llamó por teléfono y le preguntó si podía ir a su casa a la madrugada. Le dijo que porque estaba cansada, a lo que Marcelo le espetó que se iba a arrepentir. Ella le preguntó por qué y el viudo le habría dicho “ya te vas a enterar”.
A la semana Macarrón habría ido hasta su casa y la invitó a viajar al torneo de Golf en Punta del Este. Ella se negó atento a que iba a ir gente conocida de Río Cuarto, a lo que él le habría sugerido que tenía que salir y viajar un poco más.
Lo extraño de esta propuesta es que, según Cid, en todos los años de la relación, sólo habían viajado juntos en dos oportunidades, una vez a Buenos Aires y otra vez a las sierras, pero nunca donde hubiese gente de la ciudad.
Sin embargo, el fin de semana del crimen Alicia Cid viajó a Pergamino a visitar a su familia y no estuvo en Río Cuarto.
Después del asesinato, Cid se volvió a encontrar con Marcelo, no recordaría si en enero o febrero.
Cuando ella inició terapia después del crimen de Nora, por recomendación del profesional que la atendía, habría decidido cortar con la relación, ya que para esa fecha Macarrón estaba saliendo con Pía Cardozo. Cid sugirió ante la justicia que, en uno de los encuentros que tuvo con Marcelo después del homicidio, le preguntó quién creía que había matado a Nora, sus respuestas habrían sido evasivas y ella se daba cuenta de que quería evitar el tema.
En su declaración Cid manifestó que a su entender, el nivel de vida de Marcelo al estilo “nuevo rico” era “imposible” de costear desde su posición de médico, y suponía que hacía algún tipo de negocios con sus vinculaciones, tales como el abogado Daniel Lacase y el productor agropecuario Miguel Rohrer, agregando que “era tan pijotero que hasta su esposa desconocía el dinero que tenía”.
Cid fue crítica con el accionar de Macarrón después de la muerte de Nora. Señaló que vio la conferencia de prensa que ofreció junto a su hijo en el Hotel Opera y manifestó que “fue una actuación soberbia total, muy burda”.
Para Cid Macarrón actúa todo el tiempo, no es generoso y se muestra de una manera con sus pacientes y con la gente pero que está siempre actuando.
Nunca volvió a Río Cuarto, más aún, manifestó que aunque pasa por la ruta para visitar a familiares de Huinca nunca entra a la ciudad, tanto es así que solicitó que si tiene que declarar nuevamente no sea en Río Cuarto.

Usted niegue todo
La primera declaración realizada por Alicia Cid -2007- fue en una comisaría ante el fiscal Javier Di Santo. En esa oportunidad habría respondido lo que se le preguntó y contó su vínculo con Marcelo, mientras un policía registraba sus dichos en la computadora. Cuando Di Santo se fue –dice Cid- el policía la habría alertado sobre lo que acababa de declarar y le aconsejó que no dijese cosas de su vida privada. “Usted niegue todo lo que dijo”, le habría dicho el policía de quien no recuerda su nombre pero si describe físicamente. Y ella, trabajando en tribunales, aseguró que actuó de manera irreflexiva sin considerar el falso testimonio, y habría hecho lo que dijo el efectivo, borraron parte de la declaración y luego la firmó.
Pero no todo quedó allí. Después de su declaración habría llegado hasta a su casa el comisario Rafael Sosa, enviado desde Córdoba para “investigar”- junto a otro policía, ambos vestidos de civil, y la interrogaron sobre el tipo de relación que tenía con Macarrón. “Pero no era información para saber si yo tenía algo que ver con la muerte de Nora, era para saber qué sabía”, sostuvo Alicia Cid, la mujer que seguiría con miedo de terminar como Nora y que tuvo que abandonar su ciudad y sus amigos para comenzar una nueva vida.
El miedo manifestado expresamente por la testigo, tiene su correlato en todo lo que sucedió después. Se habría enfermado psiquiátricamente con rasgos paranoides y depresivos, se alejó de su trabajo de 20 años, abandonó Río Cuarto, se habría refugiado en un convento, primero, y en otra ciudad después y habría solicitado que si tiene que declarar nuevamente sea en otro lugar.
Para la justicia, consciente o inconscientemente, Alicia Cid sabe algo de su ex amante que lo vuelve a poner en el centro de la imputación por el crimen de Nora Dalmasso.